lunes, 15 de septiembre de 2008

Nicolás.



Las noticias eran las mismas de siempre; de cada diez sólo una provocaba sonreír.
Martin no necesitaba más aspectos negativos en su vida, suficientes problemas tenía ya en su trabajo, por lo que tomó el control y con un botón decidió disfrazar momentáneamente la situación. Fue a la cocina por un paquete de galletas y un “Frugos de mango en cajita” para ir a su cuarto y poder leer tranquilamente sin ser interrumpido por algún molesto sonido proveniente de su estómago.
Pero al pasar por el corredor, algo llamó su atención. Un llanto disimulado y casi silencioso le hizo cambiar su principal destino.
Al entrar al dormitorio del cual venía aquel conmovedor susurro, encontró a su pequeño sobrino de apenas 5 años, Nicolás, sentado los pies de su cama con un cuaderno en manos.
- ¿Qué pasa? – le preguntó Martin
- Tío, no puedo, no entiendo -sollozaba el niño señalando un problema de matemática
- A ver, aquí nada NO se puede, yo te ayudo –dijo el tío al comprender la angustia de su sobrino.Siempre se puede lograr algo, sólo es cuestión de que te lo propongas. Nada merece ser llamado imposible.

El niño entonces le enseñó un ejercicio a cuyo resultado no conseguía llegar. Martin, sin más ni menos cogió un lápiz y paso a paso llego a la anhelada respuesta. Nicolás, alegre, cerró el cuaderno y tras un fuerte abrazo fue corriendo a la sala.
Martin se dirigió a su cuarto riendo del pequeño problema por el que su sobrinito lloraba, aunque tal vez para el pequeño haya sido un mundo.
Cogió el teléfono y marcó el numero de Cami, su novia con la que pronto cumpliría un año.
Luego de escuchar el hecho recién ocurrido, Camila involuntariamente inició una amarga discusión
- ¿Recuerdas qué fecha es?
- Hmmm, ¿11, 12? Ando un poco distraído
- Martin, es 12. 12 de setiembre
- … ¿Debe ocurrir algo hoy?
- Lo olvidaste, ¿verdad?
- …
- Olvidaste que hoy cumplimos 365 días juntos. Creí que tal vez aguardaste hasta la noche porque me darías una sorpresa o algo por estilo. Veo que me equivoqué.

Era cierto. Martin lo había olvidado. Tantos problemas laborales lo habían mantenido distante de la realidad, pero pese a ello, él era consciente de que no existía excusa válida.

- Ya te dije que me disculpes, pero creo que tienes razón, esto ya resulta imposible

Él hablaba, sollozando, con los ojos llenos de lágrimas cuando sin voltear, escuchó la voz de su sobrinito, Nicolás, quien apoyado en el umbral de la puerta dijo:

“Siempre se puede lograr algo. Es sólo cuestión de que te lo propongas. Nada merece ser llamado imposible”

Era increíble que lo que para Nicolás era un simple problema, para Martín era perder el mundo en un abrir y cerrar de ojos. No pudo controlar esas ganas inmensas de abrazar a su sobrino, sabiendo entonces que para cada problema hay más de una solución.

5 comentarios:

*Luna* dijo...

que lindo ..
esa inocencia vale mas de lo que podemos tener
n_n

Luis F. Alva Rodríguez dijo...

Me ha gustado este relato, que deja un gran mensaje; esa es la púber sencillez de un niño.

Juan dijo...

En efecto para cada problema hay mas de una solucion.

Pd: que bueno que te decidiste a escribir relatos.

OMAR dijo...

la sabiduría de las palabras es más sabia y más tierna y más verdadera cuando un niño las entiende y las dice... muy bueno el relato...

saludos.

Claudia.* dijo...

aaw que linda historia andree! :)