"Amor" no es tener una persona con la cual caminar de la mano, el amor no es tener planes por 14 de febrero o ir al cine o darse besos.
Amor es esa sensación de que todo está bien, de satisfacción, de sentirte completo, haciendo lo que hagas y estés con quien estés.
Amor es saber que aunque no me gusta lo que que escucho, lo seguiré escuchando porque en el fondo me hace bien.
Amor es mi mamá levantándose antes de las 7am solo para prepararme un jugo, amor es que sea una supermamá y saque fuerzas de donde no hay para vernos bien, amor es mi mami gritándome porque no ordené mi cuarto, pero abrazándome luego porque sabe que, aunque lo haga, al día siguiente estará desordenado otra vez.
Amor es mi hermana, siendo mi compañera en risas y llantos, peleando conmigo porque dejé mi toalla mojada en su cama, amor es compartir ropa con ella, ir juntas al estadio.
Amor es Luciano yendo al patio a leer un libro conmigo, amor es cuando me pide que el sábado no salga hasta tarde para levantarme el domingo temprano e ir a verlo jugar o salir con él.
Amor es ir todos los días a visitar a mis abuelitos y sentir que nunca es suficiente. Amor es mi abuelita sirviéndome comida aunque le haya dicho mil veces que ya comí. Amor es mi abuelito comprando siempre algo de más para invitarnos, es saber que en su cuarto siempre habrá una mentita para mí. Amor es que él me deje ayudarlo, aunque me pierda la paciencia.
Amor es que ellos, este año, cumplan 50 años de casados. Amor es que se odien y se quieran, amor es que se peleen y se necesiten, amor es que no se soporten pero no puedan estar el uno sin el otro, amor es no querer verse más pero saber que no se pueden alejar. Amor es verlos felices.
Amor es mi tío, al lado de Juandi, en el cielo, regalándome en cada estrellita un poco de fuerza para continuar.
Amor es Rex lamiéndome la cara, moviendo la cola cuando llego, tirándose al piso para que le haga cariño o ladrando un sábado a las 7.30am para subir a mi cama a saludarme.
Amor son mis amigos burlándose de mí o haciéndome reir, amor son ellos, ebrios o sobrios, felices o molestos, lejos o cerca. Amor es mi mejor amiga desde hace 8 años, es saber que puedo ir a su casa y abrir la refri para servirme agua y viceversa, es llegar a su casa y saludar a su perrita como si fuera mía. Amor es darle la contra a ese mal presagio de que en la universidad no es amistad sino negocio, amor es haber encontrado a las mejores compañeras de clases, es extrañarlas, es insultarlas, molestarlas, quererlas. Amor es el teatro, amor es subirme a un escenario y dejar de ser yo para vivir la historia de alguien más, una historia que quizás realmente exista.
Amor es alentar al equipo de fútbol que más amo, ir a norte con una de las personas que más quiero y cantar, saltar, gritar por más de 105 minutos, amor es seguir haciéndolo, amor es llevarlo en la piel, aunque me llamen loca.
Amor es amar lo que hago, es ser feliz con lo que tengo, con los que me rodean.
Amor no es solo tener una pareja, amor es más que eso. Amor es saber que el mundo puede caerse y tú seguirás de pie. Amor es amar y amar es vivir.
jueves, 14 de febrero de 2013
domingo, 10 de febrero de 2013
No bastó
"Sonríe", le dije. Era la quinta vez que lo decía. Lo sé porque fueron cinco las veces en las que sentí que lo quería, o lo que es peor aun, que sentí ganas de quererlo. "Solo sonríe", le pedí. Pero me escuchaban más las nubes que él. Estaba a mi lado, tan cerca como antes -e incluso un tantito más- pero su alma estaba a años luz de nosotros. "Sonríe", le rogué una última vez. Y ya eran seis. Quería verlo sonreír, quería sentirlo cómodo, sincero. "Yo no sonrío", me dijo, como quien dice "yo no sé perder".
Lo recuerdo impulsivo, traidor, perdido, indeciso, salvador, amigo, confidente; todo a la vez, pero sobre todo lo recuerdo mío. Pienso en él como todo lo que nunca quise, pero no pude evitar. Lo recuerdo como una piedra en el zapato, como una gota de lluvia constante, como un obstáculo, como una herida, como dolor. No le pedía que se quede, no le dije cuánto lo extrañaba, no lo comprometí. Solo le pedí una sonrisa y él no quiso sonreír.
Y la vida es así; él, más que nadie, es así. Tan dulce como amargo, tan esperado como inoportuno, tan querido como odiado. Un cigarro más se consume, y ya no sé por qué espero. Yo lo quise como se quiere el invierno, con paciencia, con la certeza de que se irá y volverá. Lo quise cuando otros me quisieron, lo quise en soledad, lo quise en compañía, lo quise con motivos, lo quise como se quiere aquello que debes odiar, lo quise aunque no quería, lo quise porque no debía.
Y yo fui su invierno, también, como un tiempo de espera a lo que vendrá, como un trampolín de suerte, como algo pasajero, como una estación que viene y se va y, aunque vuelva, nunca es igual.
Quise verlo sonreír, por puro antojo, tal vez, por mis ganas de quererlo querer. Quise decirle que lo quería, quise decirle que lo extrañaba, pero faltó valor, faltó tiempo, faltó olvido.
'Sonríe', le dije. 'Te quiero', quise decir.
'Yo no sonrío', me dijo. 'Yo no sé perder', quiso decir.
El silencio se coló, como esas personas que aparecen cuando menos las necesitas.
'Abrázame', dije, para romper la oscuridad de palabras que empezaba a dolernos. Lo miré, sabiendo que una vez más me regalaría un 'no'. Pero con él nunca se sabe, con él nunca sabré. Me abrazó, con nostalgia disfrazada de pena, con cariño pintado de compromiso, con fuerza, con ganas de no soltarme, como abrazas algo que alguna vez fue tuyo, algo que no quieres volver a perder. Y el tiempo se detuvo dos instantes, y la magia le robó sitio al silencio.
Pero no bastó, yo necesitaba una sonrisa, una sonrisa que, a pesar de los intentos, nunca, nunca llegó.
Lo recuerdo impulsivo, traidor, perdido, indeciso, salvador, amigo, confidente; todo a la vez, pero sobre todo lo recuerdo mío. Pienso en él como todo lo que nunca quise, pero no pude evitar. Lo recuerdo como una piedra en el zapato, como una gota de lluvia constante, como un obstáculo, como una herida, como dolor. No le pedía que se quede, no le dije cuánto lo extrañaba, no lo comprometí. Solo le pedí una sonrisa y él no quiso sonreír.
Y la vida es así; él, más que nadie, es así. Tan dulce como amargo, tan esperado como inoportuno, tan querido como odiado. Un cigarro más se consume, y ya no sé por qué espero. Yo lo quise como se quiere el invierno, con paciencia, con la certeza de que se irá y volverá. Lo quise cuando otros me quisieron, lo quise en soledad, lo quise en compañía, lo quise con motivos, lo quise como se quiere aquello que debes odiar, lo quise aunque no quería, lo quise porque no debía.
Y yo fui su invierno, también, como un tiempo de espera a lo que vendrá, como un trampolín de suerte, como algo pasajero, como una estación que viene y se va y, aunque vuelva, nunca es igual.
Quise verlo sonreír, por puro antojo, tal vez, por mis ganas de quererlo querer. Quise decirle que lo quería, quise decirle que lo extrañaba, pero faltó valor, faltó tiempo, faltó olvido.
'Sonríe', le dije. 'Te quiero', quise decir.
'Yo no sonrío', me dijo. 'Yo no sé perder', quiso decir.
El silencio se coló, como esas personas que aparecen cuando menos las necesitas.
'Abrázame', dije, para romper la oscuridad de palabras que empezaba a dolernos. Lo miré, sabiendo que una vez más me regalaría un 'no'. Pero con él nunca se sabe, con él nunca sabré. Me abrazó, con nostalgia disfrazada de pena, con cariño pintado de compromiso, con fuerza, con ganas de no soltarme, como abrazas algo que alguna vez fue tuyo, algo que no quieres volver a perder. Y el tiempo se detuvo dos instantes, y la magia le robó sitio al silencio.
Pero no bastó, yo necesitaba una sonrisa, una sonrisa que, a pesar de los intentos, nunca, nunca llegó.
sábado, 22 de septiembre de 2012
Carta al "superhéroe" que fue
Cuando él se fue yo era muy pequeña. A los 4 años no entendía mucho de la vida, solo que me obligaba a entender sobre la muerte. Cuando él se fue, se marchó con una parte de mí, se fue dejando un espacio vacío. Él no me habia dado la vida, pero me había enseñado a vivirla. Era mi protección y pensé que ya no la tendría; nadie ocuparía su lugar, yo lo supe siempre, pero tú lograste hacerme creer que podrías regalarme un poquito de esa seguridad.
Yo crecí y entendí que no estaba sola, que en el mundo me rodeaban personas muy buenas. Crecí con el mismo vacío que dejó, pero te ganaste un lugar muy cerca al que él tenía. Me regalaste confianza y risas y me diste un poco más de lo que merecí. Tus errores me enseñaron a ser fuerte y aprendí que no solo se trata de recibir sino de dar para tener, la vida es un ganar ganar y todos tus tropiezos los convertí en lecciones.
Estuviste a mi lado desde que tengo uso de razón, hasta pensé que una imagen paterna no la da quien crea sino quien cría. Para mis amigos no eras el hermano de mi mamá sino "mi supertío", ese personaje divertido y atrevido en mi historia que me hacía reír con chistes tontos o cosquillas inevitables. Las reuniones familiares eran aburridas hasta que llegabas. Y a mí me encantaba desde escuchar tus historias hasta pasar por tu cuarto y oír las cuerdas de tu guitarra. Era una niña que jugaba a ser grande -pero niña al fin y al cabo- y la gente normal me lo hacía ver, pero tú no. Tú me hacías creer que hablar conmigo no era hablar con alguien que no sabe nada de la vida, yo sentía que a ti, tanto como a mí, te gustaba pasar el rato comigo. Ya sabes, cuando uno no es grande solo basta con que "le sigan la corriente" y a veces los adultos creen que no se nota, pero yo sí lo sentía y dolía un poco porque hablar con alguien por compromiso no es hablar, es aparentar y tú, por así decirlo, eras diferente. Eras mi tío, mi amigo grande, mi tío genial, mi tío favorito, junto a él, que me cuida desde arriba, claro. Pero existe lo que son las apariencias y existe también aquellos que aparentan bien. Lo que son las cosas, ¿no? No eras distinto, eras igual, pero mejor. Me seguías la corriente, también, pero sabías hacerme creer que no, a diferencia de todos.
Ya no soy la niña a la que le puedes seguir la corriente para que se ría o para que se calle, ya no puedes contarme historias y pensar que te creeré ciegamente. Te aprovechaste de la confianza y el cariño que te tenía. No soy "malcriada" como mal me llamaste. He recibido una crianza y una educación de la que me siento orgullosa, y eres parte de ella. He aprendido de los aciertos y los tropiezos, he aprendio de la gente que me acompañó y la que me dio la espalda. Me he criado en una familia que me ha dado más de lo que esperé y si consideras que soy una persona mal criada, entonces empieza a preocuparte un poco más por ti, pues tienes parte de la culpa. No soy malcriada, es solo que el respeto que te ganaste, con el tiempo tú mismo lo perdiste.
Todo se acaba y aunque pensé que esas ganas de obviar tus desaciertos se quedarían, se terminaron. Ya no soy esa niña que te cree solo porque te quiere, ya no, ya tengo argumentos y esas historias que a ti tanto te gusta contar, a mí me gusta contarlas ahora. No soy malcriada, pero aprendí a defenderme, a hacerme valer, a responder cuando algo no me parece y a irme cuando algo me hace mal. Tus cosquillas hicieron que las de los otros sean nada y hasta las tuyas perdieron su efecto con el tiempo, así como tus palabras, esas que antes me hacían reír, ahora duelen, duelen mucho y esa sonrisa que intento mantener siempre a veces se convierten en lágimas, lágrimas de decepción, de esas que aparecen cuando alguien te lastima, alguien que, creíste, debía defenderte; alguien que, se suponía, era la seguridad, la protección que antes, mientras pudo, fue él. La admiración y el cariño que algún día nacieron, seguirán, porque me diste momentos bonitos que guardo en mi cajita de recuerdos, momentos que sé valorar. Pero todo se gasta y si algo he aprendido de los golpes que te da la vida es que no puedes exigir algo que no das y ese respeto que de tu parte dejó de existir, se quedó con las ganas de quedarme callada cuando siento que algo va mal. Hay un dicho que me enseñaron desde pequeña: "Respeta a tus mayores", y logré entenderlo muy bien, pero entiendo también que ser mayor no es solo haber vivido más años sino haber crecido mentalmente y demostrarlo con actos. No solo hay que ser, también hay que parecer.
Hace un tiempo me hiciste más daño del que creí que podías y aunque jamás me pediste perdón, decidí perdonarte no solo que borraras la imagen que tenía de ti, sino las heridas que causaste en los que más quiero, pero las cricatrices quedan y es como cualquier cosa que se malogra: puede durar un tiempito más, pero si no lo reparas, con el tiempo termina siendo inútil y deja de servir. Te deseo lo mejor y espero que, cuando los tiempos de guerra cesen, se nos dé la oportunidad de hablar.
Ha llegado la hora de decirle a adiós a mi superhéroe, espero que la vida me tenga guardado uno para un futuro no muy lejano. Discúlpame si fui una decepción más para ti. Por ahora gracias por todo y buena suerte. Te quiero.
domingo, 19 de agosto de 2012
Su disfraz de vencedor
No eres tú el problema, sino el disfraz que creas para hacernos pensar que no te duele, que no te caes, que te burlas de la vida, que nada te importa. No eres el problema, sino tus ganas de caminar sobre fuego, descalzo, como proclamándote vencedor de una batalla con el mundo, cuando en realidad compites contra ti mismo. Es tu sonrisa irónica, tus ganas de herir, tu orgullo salvador, tus manos ocultas, tu mirada que reta mientras huye, es tu lema de vivir sin importar lo que pase.
Quieres ser el "malo" del cuento, de un cuento que inventaste para sentirte invencible. Eres irreal y ya nadie te cree. Ya no te creo. No te creo cuando ríes y caminas con pasos de vencedor, solo creo en el dolor que ocultas, le creo a tus días grises, le creo a lo que escondes, a lo que crees que no sé. Le creo a tu miedo, porque todos se irán, porque te quedarás solo. Le creo a tus secretos, porque te conozco aunque pienses que aparentas bien. Tu camino, ése lleno de demonios que no existen, desaparecerá cuando decidas quitarte la máscara y ser tú. Y en mi cielo siempre habrá una estrella para ti, para que no andes a oscuras, porque te quiero por las heridas que dejaste, por los malos ratos que hicieron creer, querer y poder.
Sigue pensando que das vueltas por el mundo, algún día notarás que es el mundo quien te hace girar. Anda con cuidado, aprende a caer, mira a los costados de vez en cuando, si te sientes vacío, ahí me verás.
Y si en esta vida el tiempo no me da la razón, la próxima que me toque vivir, te buscaré. Y lucharé por borrar esos miedos que no te dejan ser tú, lucharé por ese hombre bueno que intentas ocultar. En mis días siempre habrán fuerzas para regalarte. Si tardo, no dudes en encontrarme.
Aunque me sientas lejos, yo estoy cerca. Una parte de mí siempre ha estado cerca.
Quieres ser el "malo" del cuento, de un cuento que inventaste para sentirte invencible. Eres irreal y ya nadie te cree. Ya no te creo. No te creo cuando ríes y caminas con pasos de vencedor, solo creo en el dolor que ocultas, le creo a tus días grises, le creo a lo que escondes, a lo que crees que no sé. Le creo a tu miedo, porque todos se irán, porque te quedarás solo. Le creo a tus secretos, porque te conozco aunque pienses que aparentas bien. Tu camino, ése lleno de demonios que no existen, desaparecerá cuando decidas quitarte la máscara y ser tú. Y en mi cielo siempre habrá una estrella para ti, para que no andes a oscuras, porque te quiero por las heridas que dejaste, por los malos ratos que hicieron creer, querer y poder.
Sigue pensando que das vueltas por el mundo, algún día notarás que es el mundo quien te hace girar. Anda con cuidado, aprende a caer, mira a los costados de vez en cuando, si te sientes vacío, ahí me verás.
Y si en esta vida el tiempo no me da la razón, la próxima que me toque vivir, te buscaré. Y lucharé por borrar esos miedos que no te dejan ser tú, lucharé por ese hombre bueno que intentas ocultar. En mis días siempre habrán fuerzas para regalarte. Si tardo, no dudes en encontrarme.
Aunque me sientas lejos, yo estoy cerca. Una parte de mí siempre ha estado cerca.
domingo, 26 de febrero de 2012
he perdido
No te creí. Es lo primero que debes saber. He cumplido la mitad de mi promesa, esta vez no me enamoré.
No te creo, es necesario que lo entiendas. No te creo desde que dices que estás bien hasta que desapareces y dices querer volverme a ver. No te creo cuando dices que esta vez sí. No, nada es distinto.
No le creo a tu saludo, ni a tus besos, ni a tus manos. No le creo a tus abrazos de culpabilidad ni a tu mirada disfrazada, distraída, vacía. No te creo que vienes ni que te vas.
No te creo que la amas, no te creo en lo más mínimo, te lo juro.
No te creo, porque cuando lo hice, te burlaste.
No te quiero, no de la forma en que lo hice. No te quiero como quiere alguien que espera, alguien que sueña, que cree. No te quiero así. Te quiero solo por lo mucho que te quise, como el frío del amanecer luego de una noche de lluvia. Como las gotas que quedan cuando el agua se va secando.
No te quiero porque me enseñaste a no quererte, porque cuando fuiste un poco más que todo me pediste que deje de hacerlo. No te quiero porque hay un vacío en vez de mariposas. No te quiero porque no te creo. Aunque probablemente te creería si te quisiera.
Tampoco eres. No eres lo que fuiste, no eres lo que piensas, ni eres lo que quiero. No eres ni la mitad de lo que eras, no eres inolvidable, no eres ni serás.
Pero marcas diferencia, eres caso aparte. No te creo ni te quiero por lo que eres, pero causas algo raro que elimina mi capacidad de razonar.
Eres como una tormenta, lo suficientemente peligrosa como para tenerla cerca, pero justamente interesante como para quererla lejos.
No sé qué causas, pero no es amor. No es algo parecido, siquiera. Es como la extraña sensación de haber perdido al ganar. De haberlo perdido todo y no querer arrepentirme.
He cumplido solo la mitad de mi promesa y no ha sido suficiente. He cedido, he caído sabiendo lo que hacía, me he metido al mismo pozo del que tanto me costó escapar. He vuelto ya sabiendo nadar, pero no basta... he nadado en agua sucia.
Mi subconsciente quiso vengarse, retarte... y te dio el primer lugar, otra vez.
Te di lo que prometí no darte.
Por querer olvidarlo, volví a ti.
Volví a donde juré no volver.
Perdí mi orgullo mientras intentaba recuperarlo.
Y esto es peligroso, porque he perdido ya la certeza de que no volveré a perder.
jueves, 23 de febrero de 2012
medio amigo.
Sabes jugar con mi curiosidad, sé manejar tus instintos. Tienes el don de hacerme reír y llorar al instante, tengo la habilidad de contagiarte mi culpa. Sabes mentirme de la manera precisa para descubrirte, pero aun así querer creerte. Sé cómo dejarte ganas de volverme a ver. Parte de ti es impedirme no recordar, mi esencia te hace imaginar una vida a mi lado. Te quiero sin querer, te regalo mil y un motivos para confundirte. Sabemos perfectamente que juntos no importa el resto. Somos compañeros y cómplices de nuestra mentira y nuestras ganas de creernos. Tengo facilidad para hacerte parte de mi mundo y tú no me dejas salir del tuyo. un instante somos invencibles y al siguiente somos frágiles, débiles.
Fuimos uno, hoy solo somos dos conocidos uniendo sus historias. Pero no basta, no basta aparentar que nada pasa, no es suficiente ser indestructibles por momentos, no es suficiente que me des la misma fuerza que luego me arrancas, no basta lo bueno para estar juntos, pero tampoco lo malo para separarnos. Nos hacemos daño, pero nos divertimos. No puedo contigo, pero es imposible sin ti. No hay efectos, pero no basta, te das cuenta? no nos basta poner pausa a una historia que no podemos terminar, o no queremos. Hay mucha voluntad, y de pronto no hay nada. Hay ganas, pero hay también ganas de no tener ganas y eso, medio amigo, eso terminará destruyéndonos.
Fuimos uno, hoy solo somos dos conocidos uniendo sus historias. Pero no basta, no basta aparentar que nada pasa, no es suficiente ser indestructibles por momentos, no es suficiente que me des la misma fuerza que luego me arrancas, no basta lo bueno para estar juntos, pero tampoco lo malo para separarnos. Nos hacemos daño, pero nos divertimos. No puedo contigo, pero es imposible sin ti. No hay efectos, pero no basta, te das cuenta? no nos basta poner pausa a una historia que no podemos terminar, o no queremos. Hay mucha voluntad, y de pronto no hay nada. Hay ganas, pero hay también ganas de no tener ganas y eso, medio amigo, eso terminará destruyéndonos.
sábado, 4 de febrero de 2012
Corto circuito
Trato de retomar la costumbre. Lápiz y papel, luz prendida y cielo apagado. Ganas de todo y ganas de nada. Ganas de tenerte y ganas de quererlo. Una media sonrisa que me confunde, que aparenta, que los engaña. Un cielo despejado que imagino sin dificultad. Una guerra dentro de mí y un par de cigarros en fila que se le antojan a mis ganas, a mis ganas de volver, a mis ganas de llorar, a mis ganas de querer, a mis ganas de poder, a mis ganas de saber si esto es por ti o por él... o por mí. Porque te extraño y te extrañan mis manos, mis labios, mi mente, mi espacio y mi tiempo. Y no se trata de soledad, se trata de estar sin ti.
Esa rara sensación de que ya he vivido esto no me llena, no es suficiente, porque no eres tú, porque no basta querer ser alguien, porque incluso cuando no te pienso, apareces, como refregándome en el rostro que aún no te olvido, que él no es nada. Y yo lo sé, solo dame tiempo, solo un poco más, prometo que pasará, prometo olvidarte, olvidarte tanto que no me choquen tus palabras, tanto que tus miradas no provoquen un corto circuito en mi cabeza. Te olvidaré tanto que tu nombre será uno más y reiré de lo llorado en vez de llorar por lo reído. Te voy a olvidar, lo prometo. No serás ni la mitad de lo que eres y dejarás espacio vacío, un espacio que quizás, con el tiempo, él pueda ocupar. Un espacio que te pertenece como por alquiler. El contrato vencerá y prometo no avisarte. No lo sabrás, tal vez porque prefieras creer que ya te he olvdado, o tal vez porque te guste pensar que jamás lo haré.
Pero no hay reclamos, ni faltas. Si me encuentro aquí, ahora, es porque los días me han contagiado sus absurdas ganas de exigirme más de lo que puedo dar. Fui a volar sin paracaídas, quise beber sin sed, quise creer mi propia mentira, quise romper lo que tanto me costó armar, quise quererlo sin ganas de querer, porque espantó mis miedos, porque me regaló tiempo y sonrisas, porque logró agregar más de una confusión a mi mente, porque causa cierto efecto en mí. Pero no he cambiado, no es una nueva historia, no es un libro distinto. Aún soy quien te cuidó, quien te amó, quien se perdió contigo. Aún tengo unas ganas locas de hacerte reír. Aún muero por detener el tiempo entre tus brazos. Aún sigo siendo la misma tonta que te quería.
Pero ya se me va a pasar, porque todo termina. Y cuando este libro acabe, querré leer uno distinto. No te preocupes por mí, prometo no decirte cuando no me choquen tus palabras, prometo no contarte que tus miradas no causan más un corto circuito en mi cabeza, prometo que no sabrás cuando tu nombre sea uno más. Ni cuenta te darás, solo es cuestión de tiempo, dejaré que mi mente descanse y cuando dejes de ser quien eres prometo que empezaré a reir por lo llorado en vez de llorar por lo reído.
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