Mostrando entradas con la etiqueta cartas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cartas. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de julio de 2013

Si tu lo estás

Estás alegre. Cuentas chistes mientras mi tío afina la guitarra. Todos ríen. Todos siempre ríen con tus ocurrencias. Te has levantado de ese sillón en el que a toda hora estás recostado con los pies apoyados en una silla llena de stickers. Te has levantado y ahora te veo sentado en la sala, rodeado de gente, palabras y alcohol. Es una celebración, no importa cuál, todas terminan igual, contigo cantando.
"Te conocí vendiendo ají en la Parada", dices con voz melodiosa al ritmo de acordes que invaden el ambiente. Las carcajadas no se hacen esperar. Ese vals de Augusto Polo Campos es infaltable en donde estés tú, es la cereza del pastel, el momento que todos siempre esperan.

Tú también sonríes. Es una sonrisa inocente, cómplice, sincera. Es una sonrisa llena de sonrisas. Yo tengo sueño y quiero dormir, pero, a pesar de los borrachos (insistentes en servirse un nuevo vaso) que acaban con mi paciencia, prefiero escucharte. "Mas como en los pobres no cabe la dicha, tú me engañaste con el que vende salchichas", continúas y, mi tío, que está a tu lado tocando la guitarra, se une al alboroto que causan las risas de los presentes. Entro a tu cuarto y saco una bolsa de mentitas (o 'pica pica', como las llamábamos cuando era pequeña). Sé que las tienes en ese cajón para mí. Sé que ayer las compraste al por mayor mientras caminabas hacia el parque para rezarle a la virgencita que siempre te espera ahí. Sé que luego de dejar tus dos periódicos sobre la mesa, como manda tu rutina, has guardado las mentas para que yo las coja cuando quiera. Siempre oportuno. Siempre atento. Como cuando tenía una tarea en el colegio y te llamaba para que tú, mi enciclopedia andante, me explicaras todo lo que ni mi profesor ni internet podían. Yo colgaba el teléfono y empezaba a resolver el trabajo que tenía que presentar, pero siempre sabía que no tardarías en llamar nuevamente con un dato más. Sabía, también, que dos días después me preguntarías qué tal me había ido. No olvido tampoco esos cientos de láminas y álbumes que coleccionabas para que luego nosotras, tus dos nietas, pudiéramos utilizarlas en el colegio.

Hoy todo eso no es más que un recuerdo. Ya no escucho tu voz cantando "Romance en la Parada", ya no hay mentitas esperándome, ni periódicos sobre la mesa que tú mismo hayas comprado. Ya no coleccionas laminas ni álbumes para regalarnos. Ya no hay explicaciones sobre el gobierno de Odría o el terrorismo en el Perú. Ya no hay vasos de cerveza ni sillas en la sala que esperen tu presencia.

Hoy te vi y, aunque tus chistes siempre te acompañan, tu risa ya no es la misma. Ni tu risa, ni tu mirada, ni tu sonrisa. Estás echado en una cama comiendo un pan que no consigues pasar sin atorarte. Tu rostro se pone rojo y te falta el aire. Tus manitos frías tiemblan y tus delgadas piernas ya no funcionan como antes. Sigues siendo mi ejemplo, mi héroe, pero la vida te ha pasado factura y, mientras los días avanzan, tu memoria disminuye. Confundes nombres y lugares, y no consigues hablar con facilidad. Tu boca y tu cerebro ya no se comunican entre sí y al querer decir algo, dices otra cosa, luego sonríes y dices "caray, es un problema esto."
Ya no estás alegre. Sufres. Sufres muchísimo y la fortaleza que siempre te caracterizó se fue con los años a algún lugar muy lejano. Tus ganas de seguir te abandonaron. Te has rendido y te entiendo, pero no consigo aceptarlo. Lloras por dentro, me miras, sonríes con pena y tu sonrisa no llega hasta tus ojos.

Estás cansado y solo quieres dormir, con la esperanza de que el dolor cese, con el anhelo de irte, de dejarlo todo, de no despertar. Vives, de vez en cuando, en el pasado, y piensas en el entrenamiento de fútbol al que debes ir, en el carro -que vendiste hace años- que debes estacionar, en algún viaje de tu juventud que vas a realizar. A veces estás y a veces no. Te quedas dormido al hablar, tus ojos están cansados y se cierran porque ya no quieren ver. El amor que siento por ti me obliga a retenerte, a despertarte, a querer que estés siempre presente; es tan infinito que hasta se mezcla con el egoísmo de querer tenerte, aunque tú te quieras ir.

Alguna vez tú me ayúdate a caminar, a dar mis primeros pasos; hoy me toca a mí ser tu bastón, tu soporte, y ayudarte a dar los últimos. Te extraño, abuelito, te extraño aun teniéndote, te extraño porque sé que quieres irte, porque sé que te irás, y duele, duele eternamente. Duele tanto que no me permito darte la razón, que no te permito decirme que no. Extraño tus palabras, tus abrazos, tu risa, tus canciones. Extraño tu sonrisa sincera, sin dolor, tu salud, tus pasos, tus ganas de quedarte, de estar siempre bien.

No sé lo que nos depare el destino, pero debes saber que, a pesar de que jamás podré estar preparada para no verte más, lo único que quiero es que dejes de sufrir, y si para ello debo guardar mi egoísmo y empezar a dejarte ir, te prometo que lo haré. Y esa tarea, que no es del colegio, sino de la vida, debo hacerla yo sola. Los conocimientos ya me los diste y sé que cuando me llames para saber cómo me fue, yo te diré: "bien, si tú estás bien y ya no hay dolor, yo estoy bien. Donde quiera que estés, si tú estás bien, todo está bien".

sábado, 22 de septiembre de 2012

Carta al "superhéroe" que fue


Cuando él se fue yo era muy pequeña. A los 4 años no entendía mucho de la vida, solo que me obligaba a entender sobre la muerte. Cuando él se fue, se marchó con una parte de mí, se fue dejando un espacio vacío. Él no me habia dado la vida, pero me había enseñado a vivirla. Era mi protección y pensé que ya no la tendría; nadie ocuparía su lugar, yo lo supe siempre, pero tú lograste hacerme creer que podrías regalarme un poquito de esa seguridad.
Yo crecí  y entendí que no estaba sola, que en el mundo me rodeaban personas muy buenas. Crecí con el mismo vacío que dejó, pero te ganaste un lugar muy cerca al que él tenía. Me regalaste confianza y risas y me diste un poco más de lo que merecí. Tus errores me enseñaron a ser fuerte y aprendí que no solo se trata de recibir sino de dar para tener, la vida es un ganar ganar y todos tus tropiezos los convertí en lecciones.
Estuviste a mi lado desde que tengo uso de razón, hasta pensé que una imagen paterna no la da quien crea sino quien cría. Para mis amigos no eras el hermano de mi mamá sino "mi supertío", ese personaje divertido y atrevido en mi historia que me hacía reír con chistes tontos o cosquillas inevitables. Las reuniones familiares eran aburridas hasta que llegabas. Y a mí me encantaba desde escuchar tus historias hasta pasar por tu cuarto y oír las cuerdas de tu guitarra. Era una niña que jugaba a ser grande -pero niña al fin y al cabo- y la gente normal me lo hacía ver, pero tú no. Tú me hacías creer que hablar conmigo no era hablar con alguien que no sabe nada de la vida, yo sentía que a ti, tanto como a mí, te gustaba pasar el rato comigo. Ya sabes, cuando uno no es grande solo basta con que "le sigan la corriente" y a veces los adultos creen que no se nota, pero yo sí lo sentía y dolía un poco porque hablar con alguien por compromiso no es hablar, es aparentar y tú, por así decirlo, eras diferente. Eras mi tío, mi amigo grande, mi tío genial, mi tío favorito, junto a él, que me cuida desde arriba, claro. Pero existe lo que son las apariencias y existe también aquellos que aparentan bien. Lo que son las cosas, ¿no? No eras distinto, eras igual, pero mejor. Me seguías la corriente, también, pero sabías hacerme creer que no, a diferencia de todos.

La vida me ha enseñado mucho. He vivido momentos fuertes que me han enseñado a ser mejor persona, momentos que marcaron mi historia, momentos que no quise que supieras para que pensaras que nada me afecta, que soy fuerte, que a pesar de todo siempre puedo tener una sonrisa en el rostro. Y en parte no es mentira, esas ganas de seguir siempre adelante me acompañan día a día, esas ganas de llevar la procesión por dentro aún me definen porque nadie tiene por qué contagiarse de mis ratos amargos. Pero no noté lo que era obvio, para ti era una persona a la que nada le afectaba "porque se creía superior". Para ti mi sonrisa no era una virtud, sino un defecto. Para ti era una sonrisa retadora de esas que pone la gente cuando siente que ha ganado suciamente una batalla. Para ti era una "pituquita" que se creía más de lo que era. La piconería y las ganas de tener siempre la razón son herencia tuya. Me gusta debatir tanto como a ti, pero lo que nos diferencia es que yo sí aprendí a admitir mis errores, yo sí sé perder, porque en los veinte años que he vivido me ha tocado cruzarme con gente muy mala, gente que ha disfrutado hacerme llorar, gente a la que le gustaba ganar solo por verme perder. No me creo perfecta, tío, y cada vez que entre bromas lo insinuabas era como una punzada. ¿De verdad lo pensabas? Un error más a tu lista, lamento informarte, tengo muchos defectos que intento mejorar y si hubieras visto más allá de lo que te gusta ver lo hubieras notado.
Ya no soy la niña a la que le puedes seguir la corriente para que se ría o para que se calle, ya no puedes contarme historias y pensar que te creeré ciegamente. Te aprovechaste de la confianza y el cariño que te tenía. No soy "malcriada" como mal me llamaste. He recibido una crianza y una educación de la que me siento orgullosa, y eres parte de ella. He aprendido de los aciertos y los tropiezos, he aprendio de la gente que me acompañó y la que me dio la espalda. Me he criado en una familia que me ha dado más de lo que esperé  y si consideras que soy una persona mal criada, entonces empieza a preocuparte un poco más por ti, pues tienes parte de la culpa. No soy malcriada, es solo que el respeto que te ganaste, con el tiempo tú mismo lo perdiste.
Todo se acaba y aunque pensé que esas ganas de obviar tus desaciertos se quedarían, se terminaron. Ya no soy esa niña que te cree solo porque te quiere, ya no, ya tengo argumentos y esas historias que a ti tanto te gusta contar, a mí me gusta contarlas ahora. No soy malcriada, pero aprendí a defenderme, a hacerme valer, a responder cuando algo no me parece y a irme cuando algo me hace mal. Tus cosquillas hicieron que las de los otros sean nada y hasta las tuyas perdieron su efecto con el tiempo, así como tus palabras, esas que antes me hacían reír, ahora duelen, duelen mucho y esa sonrisa que intento mantener siempre a veces se convierten en lágimas, lágrimas de decepción, de esas que aparecen cuando alguien te lastima, alguien que, creíste, debía defenderte; alguien que, se suponía, era la seguridad, la protección que antes, mientras pudo, fue él. La admiración y el cariño que algún día nacieron, seguirán, porque me diste momentos bonitos que guardo en mi cajita de recuerdos, momentos que sé valorar. Pero todo se gasta y si algo he aprendido de los golpes que te da la vida es que no puedes exigir algo que no das y ese respeto que de tu parte dejó de existir, se quedó con las ganas de quedarme callada cuando siento que algo va mal. Hay un dicho que me enseñaron desde pequeña: "Respeta a tus mayores", y logré entenderlo muy bien, pero entiendo también que ser mayor no es solo haber vivido más años sino haber crecido mentalmente y demostrarlo con actos. No solo hay que ser, también hay que parecer.
Hace un tiempo me hiciste más daño del que creí que podías y aunque jamás me pediste perdón, decidí perdonarte no solo que borraras la imagen que tenía de ti, sino las heridas que causaste en los que más quiero, pero las cricatrices quedan y es como cualquier cosa que se malogra: puede durar un tiempito más, pero si no lo reparas, con el tiempo termina siendo inútil y deja de servir. Te deseo lo mejor y espero que, cuando los tiempos de guerra cesen, se nos dé la oportunidad de hablar.
Ha llegado la hora de decirle a adiós a mi superhéroe, espero que la vida me tenga guardado uno para un futuro no muy lejano. Discúlpame si fui una decepción más para ti. Por ahora gracias por todo y buena suerte. Te quiero.

domingo, 26 de febrero de 2012

he perdido

No te creí. Es lo primero que debes saber. He cumplido la mitad de mi promesa, esta vez no me enamoré.
No te creo, es necesario que lo entiendas. No te creo desde que dices que estás bien hasta que desapareces y dices querer volverme a ver. No te creo cuando dices que esta vez sí. No, nada es distinto.
No le creo a tu saludo, ni a tus besos, ni a tus manos. No le creo a tus abrazos de culpabilidad ni a tu mirada disfrazada, distraída, vacía. No te creo que vienes ni que te vas.
No te creo que la amas, no te creo en lo más mínimo, te lo juro.
No te creo, porque cuando lo hice, te burlaste.

No te quiero, no de la forma en que lo hice. No te quiero como quiere alguien que espera, alguien que sueña, que cree. No te quiero así. Te quiero solo por lo mucho que te quise, como el frío del amanecer luego de una noche de lluvia. Como las gotas que quedan cuando el agua se va secando.
No te quiero porque me enseñaste a no quererte, porque cuando fuiste un poco más que todo me pediste que deje de hacerlo. No te quiero porque hay un vacío en vez de mariposas. No te quiero porque no te creo. Aunque probablemente te creería si te quisiera.

Tampoco eres. No eres lo que fuiste, no eres lo que piensas, ni eres lo que quiero. No eres ni la mitad de lo que eras, no eres inolvidable, no eres ni serás.

Pero marcas diferencia, eres caso aparte. No te creo ni te quiero por lo que eres, pero causas algo raro que elimina mi capacidad de razonar.
Eres como una tormenta, lo suficientemente peligrosa como para tenerla cerca, pero justamente interesante como para quererla lejos.

No sé qué causas, pero no es amor. No es algo parecido, siquiera. Es como la extraña sensación de haber perdido al ganar. De haberlo perdido todo y no querer arrepentirme.
He cumplido solo la mitad de mi promesa y no ha sido suficiente. He cedido, he caído sabiendo lo que hacía, me he metido al mismo pozo del que tanto me costó escapar. He vuelto ya sabiendo nadar, pero no basta... he nadado en agua sucia.
Mi subconsciente quiso vengarse, retarte... y te dio el primer lugar, otra vez.
Te di lo que prometí no darte.
Por querer olvidarlo, volví a ti.
Volví a donde juré no volver.
Perdí mi orgullo mientras intentaba recuperarlo.
Y esto es peligroso, porque he perdido ya la certeza de que no volveré a perder.


viernes, 15 de octubre de 2010

Carta en tiempos de guerra

14 de octubre 2010

Nunca supe amar, pero tuve la valentía de decírtelo aun sabiendo que tarde o temprano me dejarías. Te empeñaste en negarlo y yo me prometí no creerte. “Nunca” y “siempre” difícilmente encuentran la manera de lidiar con la realidad. Pero fallé y te creí, por un momento pensé que el final no nos encontraría, que a pesar de los problemas sería perfecto, que me querías y era cierto que en todo momento estarías ahí para mí. Te creí, no por ingenua, sino por idiota, por olvidarme de bloquear promesas y por no cumplir algunas otras. Te creí porque pensé que tal vez no era una locura que sintieras lo mismo que yo. Te creí cuando juraste no dejarme, te creí cuando dijiste estar enamorado, te creí cuando mentías, cuando decías sentir miedo de perderme. Te creí cuando me mirabas a los ojos, te creí que nada cambiaria, que de verdad me querías. Te creí porque eso me pediste, ¿no? que te crea. Te creí, pero no fue fácil. Confié en ti porque eras distinto, porque el mundo se caía y tú lo reconstruías. Confié en ti porque era necesario, porque realmente quería que funcionara, porque no quería estar sin ti, porque algún bicho carcomía mi cerebro y envenenaba mis pensamientos. Te creí, pero muy dentro de mí siempre supe que me dejarías. Y no lo callé, te lo dije porque era consciente de que en algún momento lo harías. Te reías- ¿o te burlabas? ya ni sé- “Son tonterías”, me decías… una mentira más a la lista, tal vez.
Te llevaste todo lo que pudimos ser. Te llevaste las promesas y los “para siempre”. Me dejaste, y conmigo se quedó lo que fuimos y el tormento de lo que no llegamos a ser. La otra cara de la moneda la conocí cuando te fuiste.
Pero fui feliz, muy feliz. Y aunque tal vez mentías, te creí y me robaste risas y regalaste dudas, y te llevaste penas, pero me diste a cambio decepciones. Y fui feliz porque descubrí aquello que no conocía de mí, aprendí a querer, a esperar y a olvidar. Nunca supe amar, es cierto, pero me enseñaste a hacerlo, y gracias a ti aprendí que todo pasa, que sin final no hay historia por contar, que cada detalle en el día a día se debe valorar, que todos los aciertos y más aún los errores, valen la pena.
Supe esperar y por ti no me arrepiento de nada, pero la vida no aprendió a parar; no te avisa, sigue, y yo esta vez quiero acompañarla. No me arrepiento, es cierto, pero cuando algo acaba ya no se vive, solo se recuerda y para eso estoy hoy acá… para cerrar este capítulo contigo y empezar uno nuevo sin ti. No sé si me quisiste, pero sé cuánto te quise y aparte de eso, créeme, no importa mucho nada más. Ya no hay rencores, si es que alguna vez los hubo. Solo queda recordarte que si alguna vez te sientes solo, yo estoy ahí, no me fui. Nunca lo hice y nunca lo haré. A pesar de todo, aún se ser amiga y eso no cambia. Me hiciste feliz, me enseñaste a superar asuntos irrelevantes que antes me afectaban. Me hiciste más fuerte, me enseñaste a desconfiar de las verdades. Ya no me importa no haber significado lo mismo, ahora solo me basta con saber que fuiste el inicio de mi felicidad, pero no el único motivo. Habrán más, algunas veces se irán y otras seré yo la que se vaya, total, ese es el objetivo de la vida, ¿no? aprender y enseñar.
Hice lo que pude y, aunque no fue suficiente, para mi bastó. Y se siente bien saber que soy capaz de ser feliz por alguien y con alguien que no seas tú. Sé que te pasa algo parecido y me alegro, pero todo da vueltas; la vida es como una montaña rusa; mientras más tiempo te mantenga de cabeza, más divertida será. Todo viene, cambia, pasa… todo termina y, si vale la pena, regresa, pero no hay asunto que se quede pendiente por mucho. El tiempo es un buen juez, todo el bien que hiciste volverá a ti y todas las lágrimas que causaste las llorarás; no olvides que todo daño hecho tarde o temprano se paga. El mundo es un círculo y todo, absolutamente todo, da vueltas, para bien o para mal.
Gracias por ser lo que fuiste, por aparentar lo que no y por enseñarme a ver lo perfecto en la imperfección.
Tú me conoces, no intentes crear un nuevo concepto de mí que no existe. Soy la que conociste, no la que quieres odiar.
Qué rápido se paso el “para siempre” ¿no crees? Y ahora que no queda nada y ambos tenemos un nuevo camino te quiero pedir por última vez que no me nombres, al menos por un tiempo, el mismo que duró “toda la vida”. Cuando despejes tu mente y notes que el odio no te lo cree nadie, sabrás que nada fue en vano y que nunca es tarde para empezar a ser amigos… otra vez.
Después de la guerra viene la paz y ya nos llegará el momento de conversar sin ataques. Cuando salga el sol tras la tormenta tal vez todo tenga sentido, por ahora sólo cuídate mucho y sé feliz, realmente feliz… a pesar de todo sé que te lo mereces.

martes, 22 de septiembre de 2009

Junto a la luna.

No pasas desapercibido, y aunque la memoria a veces me traicione, eres alguien a quien no olvido.
Dame un tiempo más, quizás algún día logre entender. Tal vez en unos años, o un par de noches, encuentre en el cielo un motivo. Por ahora, solo entiende que te extraño.
No hay palabras, pero tú comprendes. Sé que me escuchas, sé que lo sabes.
No me dejes, no es tan fácil y tú fuiste testigo.

Te imagino, para querer creer que no te has ido, que me acompañas porque no me dejarías. Porque sabes que te necesito, porque entiendes que me haces mucha falta.
Déjame un par de abrazos, para no tener que extrañarlos.
Regálame unas cuantas sonrisas, para reír contigo y por ti.

Y que tus ojos nunca dejen de brillar, estés donde estés.
Contagia esas ganas de seguir viviendo, a todos los que no cumplimos aún nuestra misión.
Y gracias por tantos momentos, por tantas risas, y por esas lágrimas que nuestra mirada no pudo contener.
Gracias por demostrarme que cada mañana es un milagro, y que la vida es mucho más que un regalo.
Gracias por permitirme ser tu amiga, por protegerme cuando las tardes grises se volvían mi rutina.
Gracias por enseñarme que todo es un juego, que no siempre se puede ganar.
Gracias por recordarme que nunca estuve sola, y que gracias a ti, nunca lo estaré.
Gracias por dejarme ser parte de tu mundo, y enseñarme que no se necesita de mucho tiempo para saber lo que es ser feliz.
Espérame cerca a la luna, no lejos de una estrella, donde la luz brille un poco más y haya espacio para dos, prometo no tardar.



Te adoro loco.

sábado, 29 de agosto de 2009

Luz en mi oscuridad.

Cuando menos te esperaba irrumpiste en mi vida como milagro que se hace esperar,
como sol en medianoche, como una gota de agua en el desierto,
pintando mi vida a color,
y más.

Cambiando mi día, mis sueños, mi miedo, mi tiempo, mi espacio, mi filosofía y todo.
Me ayudaste a andar sin mirar el camino,
y me enseñaste a reir de los tropiezos,
a aprender de mis caídas.

Cuando menos te buscaba, hiciste tu entrada triunfal,
llegando a mi vida sin previo aviso,
en el momento indicado.
Como el reflejo de lo inesperado, como un impulso a ser mejor.
Y me alejaste del abismo, fuiste luz en mi oscuridad,
respuesta a mis preguntas
y lloraste conmigo y reiste a mi lado,
y te quise como a un ángel que te salva del fracaso,
porque además de ser mi compañera,
me enseñaste a ser amiga.



Te amo Budus

Feliz Día.


domingo, 16 de agosto de 2009

18.


No hay mucho que decir, las palabras se quedan cortas y el resto ya lo sabes. A decir verdad, hasta el silencio, contigo, resulta entretenido. Gracias por rescatar el sol en medio de una tormenta, gracias por salvarme de esos laberintos imaginarios, gracias por regalarme motivos para reir sin parar. Porque no importa el lugar, no hay nada que esconder. Porque sé que no es fácil saberte mi vida de memoria y aguantar día a día cada uno de mis problemas. No es una tarea sencilla soportarme, por eso crei necesario que entiendas, en pocas palabras, algo de lo que significas en mí.

No me dejes, nunca. Te necesito porque de alguna extraña manera me ayudas a seguir siendo yo, me inspiras a ser mejor.
Quiero que seas feliz, y créeme que no me detendré hasta buscar el mejor camino para lograrlo.
Contigo hasta el fin del mundo, porque juntas los problemas resultan intrascendentes.






Aún nos queda muchas batallas por ganar,
muchos problemas para reir,
muchas caídas para aprender.



Lo importante va por dentro.



Feliz día, mejor amiga.


Te amo.

domingo, 19 de julio de 2009

Hasta siempre.


Mil colores y un poco de elegancia con sencillez
una mezcla de seriedad con diversión
uñas fosforescentes y una sonrisa siempre en tu rostro
te declararon única e irrepetible.

una risa en medio del silencio
unas palabras para hacer reir a alguien más
y llenar el espacio con humildad
te hicieron lo que fuiste.

Para contrastar la situación
y como costumbre romper la perfección
una noche de diversión y unos vasos de alcohol
declararon un final, y un nuevo comienzo.

Quién sabe cuál fue tu último pensamiento
o tu último deseo,
lo único que se tiene claro en estas horas de preguntas sin respuestas
es el recuerdo indeleble que dejaste en nosotros.

No nos dejes, aunque no estés.
Cúidanos, aún de lejos.
No te vayas.

Y que estas palabras traidoras expresen al menos cierta parte de lo que trato de decirte.
Siempre estaras con nosotros... el eco de esa risa nunca se irá.

Descansa.

gracias por los pocos pero valiosos momentos.







































Fue un gusto, hasta siempre Daniela Tay.

martes, 7 de julio de 2009

Carta Nº 8. Nadie detiene el reloj.

Para ti.
No dudes en pedir ayuda,
recuerda que aun sé ser amiga.


Aquellos tiempos que no se olvidan -pensé al recordarte- esos dias en los que una sola palabra conseguía más que cualquier otro motivo. Esos momentos que, aunque los años pasen, mi mente guardará en el mas oculto cofre de secretos. Esos minutos que, por más que quieras, serán para siempre.

Así te recuerdo, como un héroe en mi vida, como una persona que tardó en aparecer.
Hojas cayendo de un árbol que vio pasar los años más rápido de lo normal, un viento acogedor que reclama un abrazo de abrigo, una sonrisa que contagia alegria, el olor a tabaco únicamente por costumbre, un par de extraños pretendiendo encontrar un lugar y unas cuantas notas musicales que adornaban el ambiente.

Así te recuerdo, como una persona capaz de bajarme las estrellas, como un individuo a quien se le permitia adueñarse del mundo, alguien que podía transmitir paz con una mirada. Una sombra que no arrastraba pesares.

y de pronto el sonido del presente me despierta, como si fuera una alarma del tiempo, como si debiera entender que el pasado ya tuvo su lugar.

Y se me dio por recordarte, porque en las huellas pretendo encontrar el motivo de tu fracaso. Intento hallar mis errores y aquella culpa de la que me hiciste dueña.
No hay más que sonrisas, ¿sabes?
No hay más que eso.

Las lágrimas siguieron su rumbo y el sol las secó. Los malos recuerdos se borraron, como si hubieran sido trazados con lápiz.
Un par de manos entrelazadas capaces de llegar hasta el fin del mundo, es lo que recuerdo.

Pero decidiste que no era lo mejor y ya sin miedos, te comprendo.

nada es facil.
pero sé valiente, afronta tus temores.
Esos caminos alternativos serán como una muerte lenta, como el comienzo del final.
No intentes ver en mí lo que aún no consigues ser, lucha por tu ideal, así te recuerdo.

Pienso en ti, porque me dejaste una leccián capaz de conseguir eliminar la más grande decepción. Me dejaste un tiempo para estar conmigo misma, un par de acordes para entender que nadie puede detener el tiempo. Nadie.

Si quieres huir, hazlo.
Pero no vueles muy alto, sé prudente, héroe de los cielos.
No pretendas más de lo que puedes,
recuerda que el sol quema alas
y el golpe puede ser fatal.

Así te recuerdo, como un héroe en mi vida, como una persona que tardó en aparecer.
Que llegó y se fue.

Siempre serás bienvenido a éste, tu lugar.

miércoles, 29 de abril de 2009

Carta Nº 6. Traté de callarlo, pero...


Para mí no es tan fácil, ¿sabes? No es cuestión de programar mi mente para mañana no extrañarte. Para mí no es tan sencillo como cerrar los ojos, no es tan simple fingir ser fuerte, contigo. Porque al mundo puedo mentirle, pero tiendes, tú, a complicarme las cosas logrando incluso, que te quiera un poco más que ayer.
¿Quién me manda a ser discípula de tus palabras? ¿Quién te manda a hacerme tanta falta?

Saber que por ti descubrí que el mundo se equivoca, que por ti deje de creer en las posibilidades, que por ti entendí que la espera es vana. Saber que no consigo olvidarte...duele.

¿Qué quieres que te diga? Es difícil necesitarte, es insoportable imaginarte en el aire que respiro e inventar un octavo día en la semana para pensar un poco más en ti. No se siente bien no encontrar, como tú, historias improvisadas que con las horas suelen desaparecer, sin dejar huellas de lo que fueron. Quién sabe, quizás mientras escribo, tú estés con ella(s). Quién sabe, tal vez resulta que a pesar de ello, te creo.

Y aunque intento, aún no recuerdo el instante en el que empecé a quererte así.

¿Qué te puedo decir? Nunca fue suficiente luchar por ti.

lunes, 16 de marzo de 2009

CATORCE (mil) veces Gracias.

Miro al cielo y hay una luz,
Sé que no es la luna,
Es el reflejo de una lágrima
Y me dan escalofríos de pronto,
Pienso que tal vez nada es real.
Una risa suena en el ambiente,
Y a decir verdad, todo lo anterior se desvanece.
Si, existe una persona capaz de hacerme sonreír cuando el cielo está tan gris,
Una persona que con una palabra puede enseñarme
más de mil motivos para seguir queriendo vivir un día más.
Alguien que sin esfuerzos logra sacar lo mejor de mí,
dándome fuerzas para ser una mejor persona cada día.
Alguien que tal vez sin darse cuenta, complementa mi vida.
Alguien que me inspira a ser su ejemplo.
Sin ella yo no sería la misma.
Y aunque no lo note, no hay algo que no daría por verla feliz.




Hace 14 años llegaste a mi vida, no creas que me agradabas mucho.
Imagínate, tres años procurando ganarme todo el afecto de los que me rodeaban, tres años de felicidad por ser la engreída de quien se me acercara. TRES AÑOS, para que de un día a otro aparezca un diminuto ser a robarme ese espacio que tanto me había costado ganar.
Y no maldije a la cigüeñita únicamente porque la edad no significaba, en mi caso, inocencia. Obviamente yo había notado ya durante unos 8 meses como la barriga de esa señora, que tanto cariño me había dado, empezaba a crecer desmesuradamente.
Digamos que en un principio no le preste atención, te imaginarás que comía cada 2 minutos y nunca estaba satisfecha, un cambio de peso no hubiese sido (en otras circunstancias) algo para alarmarse.

Pero empezaba a preocuparme, era una hinchazón tan llamativa que no me sorprendía pensar que se hubiera tragado una sandia entera, pero por su boca no entraba, por lo que ese desconcierto no llego a mayores.
No fue hasta cuando dejaron de prestarme aquella atención sobrenatural que creía merecer que note que algo extraño sucedía en ese instante.
No fue hasta que advertí que ya no se dirigían a mí, sino a algún monstruito que seguramente estaba donde al parecer había una pelota, que decidí tomar cartas en el asunto.

¿Qué pasaba? ¿Saldría un globo de la pancita de mi mami? No, no creía que pudieran sentir tal afecto por un objeto tan común, por lo que empecé a usar mis dos orejas en lugar de mi única boca.
Si, debí sospecharlo. Llegarías a este mundo, siendo un pequeño ser indefenso.
Débil y sin nombre. De un día a otro, sin saber hablar ni caminar.

¿Qué de divertido tenia esto? Ya no era YO, éramos nosotras. No podría jugar contigo, eras tan frágil que quizás te podría romper. No sabias hablar, no podríamos conversar.
¿Qué de útil tenias?
No podría entenderlo, sino hasta ahora. Apareciste como por magia, para enseñarme a no ser el centro del universo, para enseñarme a compartir.
No me hablarías pero si me sabrías escuchar. Tal vez no me entenderías, pero nuestras miradas bastaban para entablar una conversación.
No sabrías jugar, pero para eso estaba, ¿cierto? Yo te enseñaría.
Serías mi hermana menor.
No acabarías con mi vida, no dejaría de vivir yo a los 3 años solamente por no ser la misma hija única y caprichosa.
Al contrario, yo existiría a partir de ese momento. Nacería contigo una niña un poco mayor que recién sabría lo que es vivir, al igual que tú.
Que recién aprendería a acompañar y a ser acompañada.
Recién conocería lo que es un secreto, lo que es la complicidad, lo que es una amiga, lo que significa una hermana.
Reiríamos, jugaríamos, pelearíamos de vez en cuando, pero todo seria pasajero. Siempre habría una nueva oportunidad para procurar ser más que sólo hermanas, seríamos compañeras.

Y aprendí a quererte, o me enseñaste a hacerlo.
Me ayudaste a ver todo a color, me ayudaste a ser mejor.
Ya no eres la misma niña, ya no tienes aquellos berrinches que me daban ganas de haber secuestrado a la cigüeña imaginaria, por así decirlo.
De vez en cuando eres insoportable, como negarlo. Pero a pesar de eso y de todo, te debo mi vida, porque contigo aprendí a vivirla, porque no te cambio por nada ni por nadie.
Porque nunca morirá la esperanza de querer ser un buen ejemplo, o por qué no, la mejor hermana que puedas haber querido tener.
Gracias, porque siempre estás ahí.
Con tus risas, tus palabras, tus insultos, tus miradas, tus pasos, tu voz, tu silencio, tu presencia.
¿Y qué más decirte? Eres la mejor hermana que pude tener, sin pensarlo dos veces.

Te amo, y con una seguridad que no me caracteriza te juro se que siempre será así.


Te adoro pequeña.

Feliz cumpleaños.

sábado, 10 de enero de 2009

Carta N° 4. La historia siempre Continúa


Entiendo hoy, bajo la luz de esta estrella diurna, que no necesito de tu ayuda para olvidarte, no hasta que yo misma decida hacerlo.
Hay momentos en los que, como precisamente ahora, no quiero saber donde estás, eso no interesa cuando te siento tan cerca.
No quiero que intentes hacerme creer que me quieres, no hace falta, lo lograste hace mucho tiempo atrás, cuando mi inocencia reinaba, hoy será costumbre, o quizás simplemente busco una excusa más para no aparentar, pero el mundo que un día creaste, sigue habitando en mí, sigue siendo mi lugar.

Las ganas de gritar que aún no te olvido carcomen mis sentidos, juegan con mi razón, me hacen comprender que no logro sacarte de mi mente, ni siquiera con ÉL presente.

Sabes bien quién ya eres en mí y por lo mismo no pretendes ser más.
Descuida, tal vez sea cuestión de tiempo, pero a decir verdad las horas y los minutos en mi vida, no están a mi favor.
Miento al decir que todo pasará.

No voltees a mirarme, tengo tu mirada ya grabada.
No menciones más palabras, no agregues textos a este guión, tu voz me acompaña, y aunque ciertas veces me sienta ya hastiada, no hay nada que pueda o podamos hacer.

Siempre creí ser persistente, sin embargo me enseñaste que fue sólo un papel, una máscara más, de las tantas que uso en esta obra teatral.

Y sí, a veces suelo decir que logré olvidarte, que estás enterrado en
el pasado. Sí, lo admito, soy una perfecta mentirosa que sólo busca verte bien. Una completa masoquista que no quiere ni puede dejarte ir.

Cierro el libro, una vez más, consciente de que no tiene candado.
Aún sabiendo que sin poder hacer más, lo abriré nuevamente, tratando de traer un poco de nuestro pasado a mi presente.

Bajo la guardia, acepto mi error, admito mi debilidad.

Me rindo, tú ganas, aún te quiero.

martes, 23 de diciembre de 2008

Carta Nº 3. El sabor de TU venganza.

No es necesario que me demuestres la falta de aquel sentimiento como símbolo de venganza o burla. Por tu bien, sólo busca ser feliz. NO busques buenos momentos, busca felicidad. No busques pasar el tiempo, busca seguridad.
Y me río, por tus besos improvisados con quienes menos imaginaste, únicamente para hacer de aquel daño, una muestra mutua de insatisfacción.
Y lloro, porque no logré lo que alguna vez me propuse. No logre que los demás vean la gran persona que realmente eres.

No te escondas, ese caparazón no hará más que hacerte daño, no tengas miedo de ser tú.

Y valórate, para que de alguna manera puedan apreciarte.
Muy pocos lograran quererte así, aún conscientes de lo que eres capaz de hacer.
Ya no hay repetición, ya todo esta dicho. Ya todo esta claro. Ya todo acabó.

No diré que no quiero saber más de ti, pues bien sabes que necesito saber con quienES andas, o a dónde vas, pero si te diré que no tengo en mente seguir detrás de ti toda una vida, pues no fuiste lo que creí que serías. Quizás pensé que podías aprender a querer sin excepciones, veo una vez más que todos nos equivocamos.

Hoy, quiero desearte lo mejor. Quiero que sepas que no me arrepiento de nada, quiero que sepas que sí fue amor, que te amé como quizás no vuelva a querer en un buen tiempo, pero que como buena historia, tuvo que llegar a su final.
Quiero que entiendas que aún te necesito, pero que haré lo posible por voltear la hoja, que intentaré pisar el pasado, que procuraré perdonar y olvidar, por respeto a quien hoy busca verme feliz.
Y por ese mismo respeto, mi mente me incita a callar, consiguiendo así guardar todas aquellas palabras que nunca más pronunciaré y que por ende nunca más escucharás.

El cielo no te dará las respuestas, debes luchar por tus ideales y no creer que eres el dueño del universo, no es así.

Supongo que, como todo lo que alguna vez te dije, esto te causará risa. Por fin conseguí comprender que tu inmadurez puede más que tu razón.
Ríe, si es lo que quieres. Ríe si eso es lo que causan mis palabras en ti. Pero debes saber que a pesar de ello siempre te recordaré por ayudarme, tal vez sin querer, a vencer mis miedos. Gracias, además, por enseñarme a confiar más en mí misma, pues la gente miente, todos buscan lo mas fácil, incluso tú.

Tu bien sabes como son las cosas, me conoces y no es tu culpa.
Y aunque quizas deberia, mentiria al decir que te olvide.

Gracias, y aunque hubieron mil decepciones de por medio...


yo si logré enamorarme de ti.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Carta N° 2.

No es necesario que lo leas.


Supongo que a veces resulta tarde para decirle a alguien cuanto significó, pero peor es que este alguien nunca logre saberlo.

Normalmente el tiempo nos juega muy malas pasadas.
Luego de leerlo, no busques otra vez destruir mi vida con tus crímenes perfectos, solo tómalo como me hubiera gustado que termine, si es que un final era necesario.

Solo pretendo que entiendas que entre tantos puntos lóbregos, eres el único que tiene color.
Gracias por sonreir, no tienes idea de lo que para mi valía (vale) una sonrisa tuya. Mi favorita, y si yo no puedo cambiarlo, menos creo que tú lo puedas hacer. Gracias por darme razones para seguir despertando día a día, por tu tiempo, por las respuestas que diste a mis dudas, por tus explicaciones, por las palabras, por el silencio, por las canciones que me seguirán como la sombra de tu recuerdo, por entenderme, por escucharme, por simplemente estar ahí y saber que contaba contigo en todas, por tratar de ser quien hoy ya eres, por las ganas de querer ser lo que tal vez quedo en un simple anhelo, porque me hiciste feliz.

Yo aquí sigo.

Gracias por esperarme, por tus tonterías que me alegraron los peores días, por esas cosas que me hicieron reir, por esas otras que me hicieron llorar, por quererme, por cambiarme, porque parte de mi está contigo.
Gracias por enseñarme tanto.
No puedo evitar que mi rostro se humedezca un poco, aunque lo intente, mis ojos no son tan fuertes como me gustaría. No sé hasta cuando será así, pero es porque tuve razón al sentir miedo, es porque sí te llegaría a perder.
La monotonia mató lo inmortal.
No te preocupes, nada de lo que ha sucedido puede contra todo lo que pasé a tu lado. No pienses que esas ultimas peleas, esas palabras podrían borrar los días perfectos. En este caso no es asi.
Tu recuerdo indeleble permanece aún intacto.

No te recuerdo por un final, sino por enseñarme a ver la vida a tu manera.

Por quitarme esa mala costumbre de solo dejar pasar los días…
para cambiarla por un ‘aprender a vivir’.

No cabe en una vida mi gratitud ♪

La mitad de mí te extraña; la otra te necesita.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Carta N° 1.


Intento que de una u otra manera llegues a entender que soy conciente de los daños hechos, y lo hago asi porque tengo por seguro que no pierdes esa costumbre de revisar de vez en cuanto mis escritos, porque tal vez crees relacionarte con alguno de ellos. No creo que siempre te equivoques

Aqui va...


Tal vez tengas razón… Tal vez merezcas algo mejor que yo. Existen muchas y el tiempo no es tu enemigo.
Tal vez no soy quien muchos creen o quien esperan.
Sí, puede que te hayas equivocado al pensar tan bien de mi
Entiendo además que pienses que no merezco que me quieran de esa manera y comprendo que me amenaces con dejarme 5 millones de veces en un minuto. Entiendo, a veces, tus impulsos, tus ganas locas de olvidarme y odiarme, no te quitaré la razón.
Tal vez sea verdad, tal vez te equivocaste.

Yo tengo la culpa y en un tiempo me quedaré sola. No suena imposible.

Y aunque nunca le vi algo malo a quererte como lo hice…puede que tengas razón y... es tu turno, ahora es a ti a quien le toca pensar e incluso aceptar algunos asuntos.

¿A quién le mientes?

Sabes muy bien que tiempo para rectificarte aún te queda. Tienes muy claro que no te obligo a nada; ni a quererme, ni a que permanezcas a mi lado.

Fácilmente podrías dar media vuelta de una buena vez y conseguir lo que siempre buscaste.
Porque no soy yo, y creo haberlo entendido.
Pero no sé por qué luego de expresarlo tan patentemente regresas a mi lado.
Jamás te lo pedí y lo sabes, ¿qué es lo que buscas entonces? ¿Un daño compartido?

Ódiame si quieres…es mejor así. Ódiame, quiéreme, olvidame o ignórame pero no intentes asustarme, porque tus amenazas y mentiras ya no me hacen tanto daño.
Y seguire riendo al verte tan feliz, se que en el fondo también te sientes culpable.
Te pedí perdón por lo que no hice y créeme que ya no puedo más.

YO, ya no puedo más.


Ódiame hoy.

y mañana.