viernes, 15 de octubre de 2010

Carta en tiempos de guerra

14 de octubre 2010

Nunca supe amar, pero tuve la valentía de decírtelo aun sabiendo que tarde o temprano me dejarías. Te empeñaste en negarlo y yo me prometí no creerte. “Nunca” y “siempre” difícilmente encuentran la manera de lidiar con la realidad. Pero fallé y te creí, por un momento pensé que el final no nos encontraría, que a pesar de los problemas sería perfecto, que me querías y era cierto que en todo momento estarías ahí para mí. Te creí, no por ingenua, sino por idiota, por olvidarme de bloquear promesas y por no cumplir algunas otras. Te creí porque pensé que tal vez no era una locura que sintieras lo mismo que yo. Te creí cuando juraste no dejarme, te creí cuando dijiste estar enamorado, te creí cuando mentías, cuando decías sentir miedo de perderme. Te creí cuando me mirabas a los ojos, te creí que nada cambiaria, que de verdad me querías. Te creí porque eso me pediste, ¿no? que te crea. Te creí, pero no fue fácil. Confié en ti porque eras distinto, porque el mundo se caía y tú lo reconstruías. Confié en ti porque era necesario, porque realmente quería que funcionara, porque no quería estar sin ti, porque algún bicho carcomía mi cerebro y envenenaba mis pensamientos. Te creí, pero muy dentro de mí siempre supe que me dejarías. Y no lo callé, te lo dije porque era consciente de que en algún momento lo harías. Te reías- ¿o te burlabas? ya ni sé- “Son tonterías”, me decías… una mentira más a la lista, tal vez.
Te llevaste todo lo que pudimos ser. Te llevaste las promesas y los “para siempre”. Me dejaste, y conmigo se quedó lo que fuimos y el tormento de lo que no llegamos a ser. La otra cara de la moneda la conocí cuando te fuiste.
Pero fui feliz, muy feliz. Y aunque tal vez mentías, te creí y me robaste risas y regalaste dudas, y te llevaste penas, pero me diste a cambio decepciones. Y fui feliz porque descubrí aquello que no conocía de mí, aprendí a querer, a esperar y a olvidar. Nunca supe amar, es cierto, pero me enseñaste a hacerlo, y gracias a ti aprendí que todo pasa, que sin final no hay historia por contar, que cada detalle en el día a día se debe valorar, que todos los aciertos y más aún los errores, valen la pena.
Supe esperar y por ti no me arrepiento de nada, pero la vida no aprendió a parar; no te avisa, sigue, y yo esta vez quiero acompañarla. No me arrepiento, es cierto, pero cuando algo acaba ya no se vive, solo se recuerda y para eso estoy hoy acá… para cerrar este capítulo contigo y empezar uno nuevo sin ti. No sé si me quisiste, pero sé cuánto te quise y aparte de eso, créeme, no importa mucho nada más. Ya no hay rencores, si es que alguna vez los hubo. Solo queda recordarte que si alguna vez te sientes solo, yo estoy ahí, no me fui. Nunca lo hice y nunca lo haré. A pesar de todo, aún se ser amiga y eso no cambia. Me hiciste feliz, me enseñaste a superar asuntos irrelevantes que antes me afectaban. Me hiciste más fuerte, me enseñaste a desconfiar de las verdades. Ya no me importa no haber significado lo mismo, ahora solo me basta con saber que fuiste el inicio de mi felicidad, pero no el único motivo. Habrán más, algunas veces se irán y otras seré yo la que se vaya, total, ese es el objetivo de la vida, ¿no? aprender y enseñar.
Hice lo que pude y, aunque no fue suficiente, para mi bastó. Y se siente bien saber que soy capaz de ser feliz por alguien y con alguien que no seas tú. Sé que te pasa algo parecido y me alegro, pero todo da vueltas; la vida es como una montaña rusa; mientras más tiempo te mantenga de cabeza, más divertida será. Todo viene, cambia, pasa… todo termina y, si vale la pena, regresa, pero no hay asunto que se quede pendiente por mucho. El tiempo es un buen juez, todo el bien que hiciste volverá a ti y todas las lágrimas que causaste las llorarás; no olvides que todo daño hecho tarde o temprano se paga. El mundo es un círculo y todo, absolutamente todo, da vueltas, para bien o para mal.
Gracias por ser lo que fuiste, por aparentar lo que no y por enseñarme a ver lo perfecto en la imperfección.
Tú me conoces, no intentes crear un nuevo concepto de mí que no existe. Soy la que conociste, no la que quieres odiar.
Qué rápido se paso el “para siempre” ¿no crees? Y ahora que no queda nada y ambos tenemos un nuevo camino te quiero pedir por última vez que no me nombres, al menos por un tiempo, el mismo que duró “toda la vida”. Cuando despejes tu mente y notes que el odio no te lo cree nadie, sabrás que nada fue en vano y que nunca es tarde para empezar a ser amigos… otra vez.
Después de la guerra viene la paz y ya nos llegará el momento de conversar sin ataques. Cuando salga el sol tras la tormenta tal vez todo tenga sentido, por ahora sólo cuídate mucho y sé feliz, realmente feliz… a pesar de todo sé que te lo mereces.

lunes, 6 de septiembre de 2010

La excepción

I

Apareciste en el momento menos indicado,

cuando necesitaba a alguien a mi lado,

cuando el dolor se instalaba en mis días,

cuando eso de buscar consejos ya ni sentido tenía.

Apareciste, como de costumbre, cuando menos te esperaba,

como siempre, inoportuno,

jugaste con palabras y esa mirada,

el tiempo se encargó de hacernos uno.

No fue difícil quererte, en lo absoluto…

aunque el miedo me acompañó como un fiel amigo,

dejé de verme lejos de ti,

y al poco tiempo me sentía feliz, contigo,

quise alejarte de mi propia mente,

pero el reloj, constante enemigo,

siempre te mantuvo presente.

Apareciste en mi vida como lluvia en un desierto,

casi imposible, pero necesario.

Llegaste cuando bloqueaba la idea de querer,

rompiste mis esquemas y me ayudaste a aprender,

me regalaste motivos, risas y un par de canciones,

no pensaba enamorarme pero, claro, siempre hay excepciones.

Y me enseñaste a abrir puertas y eliminar rencores,

me enseñaste a mirar de frente y borrar temores.

Quererte y creerte se volvió mi forma de vivir,

y me ayudaste a sonreír, a llorar, a siempre seguir.

Por ti, conspiré contra tormentas e historias internas,

luché contra mi propio mundo, demonios y mentiras,

no me arrepiento, haberte creído valió la pena.

Te quise, como un niño quiere a su juguete favorito,

te quise porque me levantaste de las peores caídas,

porque me enseñaste que siempre hay algo peor,

y eso, créeme, me hizo alguien mejor.

Ibas y venias, me odiabas, me querías,

no sabias lo que era mejor para ti,

pero siempre tuviste esa exquisita manía de hacerme feliz.

II

Me dejaste en el momento menos indicado,

cuando ya no quería a nadie más a mi lado,

cuando el dolor era tema del pasado.

Me dejaste, como de costumbre, cuando no lo esperaba,

como siempre, inoportuno, cuando más te necesitaba.

Jugaste con palabras y esa misma mirada,

el tiempo se encargó de convertir todo en nada.

Te fuiste de mi vida como sol que se lleva la noche,

nunca preciso, tal vez inevitable, necesario.

Me dejaste cuando ya no quería estar sin ti,

rompiste mis esquemas, les pusiste fin.

Y me acordé de sonreír, de llorar, de siempre seguir.

Te llevaste los motivos, las risas y ese par de canciones,

me dejaste a cambio recuerdos, y un millón de emociones.

No pensé perderte pero, claro, siempre hay excepciones.

Nunca estuvo de más creerte, ni siquiera en noches de luna llena,

no me arrepiento, haberte querido valió la pena

y aunque no sea lo mejor para mí,

es tu turno, te toca ser feliz.

viernes, 13 de agosto de 2010

lo que siempre quise.

(carta para mi hermana por su retiro de confirmación)

No hay mucho que decir, pero hace tiempo que un papel no me permite hablar sin necesidad de que me escuchen. Siempre hay un buen motivo para escribir, siempre: ellos, una sonrisa, dos lágrimas, mil horas de espera, cien días, doscientas noches, la luna, cualquier color, la vida o la muerte… pero hoy no quiero pensar en eso, y es lo distinto… no pienso qué poner, mi mano se mueve sola como si tuviera una extraña conexión con mi mente. Yo no sé qué quiero decirte exactamente pero algo importante debe ser... no pude no hacerlo.

¿Cómo estás? Hace mucho que no te lo pregunto, quizás pensaba que era irrelevante o tal vez obvio, pero ya aprendí y entendí que no. Esa coraza no te sirve por mucho tiempo, pequeña. Esa muralla, ese escudo que yo también creé alguna vez, es de arena, es temporal. Es como esas barreras que hacen los niños en la playa para que el agua no pase; tarde o temprano, y cuando menos te lo esperas, el castillo se inunda. La diferencia, creo, está en que se trata de cómo vivir, no de cómo jugar. Esos bloqueos ayudan un poco, pero mucho más lo hace la superación. Como en un día de lluvia, de esos que en Lima no hay, dile adiós al paraguas y ríete mientras tu cabello se moja.

Los problemas vienen, se instalan y luego se van. Siempre. Lo bueno es mucho más rápido, pero más valioso también.
La gente habla de los errores del otro, pero no se da cuenta de que se está hundiendo en arena movediza. Es como veneno, eso va a existir toda la vida, pero es mejor dejar que pase. Si crees en ti, todo lo demás pasa. Al final, creerán que los odiamos, pero tú solo piensa en darles las gracias, porque te harán más fuerte. No dejes que te destruyan, si te caes, te levantas. De lo malo, sale lo bueno. Con las lágrimas aprendes el valor de una sonrisa.

No quiero hacerla muy larga, solo quería que sepas que te amo, preciosa y que no me importa nada más. No tengas miedo de caminar, no estaré detrás ni delante de ti, estaré a tu lado para darte la mano cuando caigas y créeme, eso basta. :) sigue sonriendo, y valora todo lo que tienes antes de que se vaya, es sólo un consejo. Yo siempre estaré ahí, como estuve el primer día que te vi, como te defendía cuando no sabía ni cuidarme a mí misma. ¿Sabes? Me acuerdo sólo de algunas cosas de cuando era chiquita, pero hay una que nunca, nunca olvidaré y hasta ahora recuerdo lo que sentía. Tú eras bebe, pequeñita, una cosita preciosa que no sabía para qué estaba acá, y yo te veía dormir y ponía mi dedo índice en tu manito y tú lo apretabas, fuerte... muy fuerte. Era increíble como un ser tan pequeñito podía darme tanta seguridad. Y fuimos creciendo y pasamos mil cosas que sería imposible escribir acá, pero jamás, y no podía estar más segura, jamás voy a poder agradecerle a Dios que te haya puesto en mi vida… por eso sé que Él existe, por ti. Porque llegaste en el mejor momento, porque cuando perdía a una persona maravillosa (mi tío) tú ya habías llegado, para acompañarme, para apoyarme siendo incluso menor que yo, para aprender de mí y para enseñarme a ser mejor. Porque me inspirabas a querer ser una mejor persona, la hermana que siempre hayas querido tener... y no es fácil cosi, no es fácil porque no hay un manual que me diga qué hacer o qué decir, pero se siente, ¿sabes? Se siente algo que te dice, a veces, qué es lo mejor y qué no, y eso es lo que debes hacer… siempre lo que quieras, es la única manera de ser feliz, y tú lo logras, de sobra.

Pero eso es otro tema, hoy sólo estoy escribiéndote, aunque no te guste que lo haga, para agradecerte, por haber nacido y haberme dado un motivo más para querer ser mejor, por haberme hecho reír y renegar, por enseñarme a ser hermana mayor, y no soy la mejor, lo sé... soy muy muy jodida, pero así me amas, jiji. Jaja, nada, hago lo que puedo, y aunque a veces me equivoque... gracias por soportarme aunque sea con un suspiro para retener esas ganas de mandarme gratis a un lugar muy lejos, gracias por pasar por alto esas veces que me equivoqué. Te amo, y siempre, siempre serás mi hermanita y te cuidaré siempre que pueda y te ayudaré cuando me lo pidas, y te escucharé cada vez que necesites hablar. Perdón si es así, sólo que es muy difícil, y no quiero separarme de ti, quiero que seamos las dos, siempre :) Sonríe, tienes mucho para ser feliz y me tienes a mí para ayudarte a encontrar la forma, porque la felicidad no es el fin, sino el camino…y viene en trocitos :) aprovecha cada uno de ellos, ríe, no tengas miedo, pisa tierra de vez en cuando, pero, sobre todo, vive, vive al máximo porque las cosas pasan sólo una vez y todo, todo, tarde o temprano, termina.

Te amo.

Andrea.

sábado, 12 de junio de 2010

Esta vez va por mí.

11 de junio.
11.45 pm

No pensaba escribirte, porque sé que no es necesario, tú sabes lo que pienso sin necesidad de palabras, pero hoy lo hago por mí, porque de vez en cuando resulta bueno expresar lo que siento, y para entenderme necesito un poco más que solo pensar en silencio.
Ya son dos años, es increible. 730 dias sin ti, sin oir tu voz, sin saber cómo estás, sin poder saludarte y abrazarte, sin saber que en cualquier momento puedo llamarte. Dos años sin saber de ti. Dos años sin respuestas, sin explicaciones. Y yo sé que es así.. aunque pasen los años nadie sabrá decirnos por qué, nadie sabrá por qué la vida fue tan injusta contrigo, nadie sabrá explicarme dónde estás, nadie logrará que entienda por qué te fuiste, pero ya está, ya pasó y lamentablmente soy un ser humano más, no puedo cambiar las cosas, no sé retroceder el tiempo.

Estoy segura de que andas por acá, cerca, como siempre. Porque hay cosas que no cambian y yo sé que tú no me has dejado. Acércate un poquito más, juro no asustarme. Siéntate y no digas nada, no hace falta. Solo mírame, no hay mucho que yo pueda hacer, mañana seguirá siendo igual, el mundo no cambia porque yo así lo quiera, las cosas no se adecúan a lo que me gustaria. Los días seguirán pasando y yo te seguiré escribiendo, yo seguiré sonriendo por ti :)
Hay ciertas cosas que el tiempo no cambia, hay recuerdos que no se olvidan, hay risas que se mantienen en la mente; gracias a Dios los recuerdos no se borran, no cuando marcan tu vida. Me reconforta saber que no te he olvidado y que aún puedo pensar en tus abrazos de oso, en tu mirada tan llena de todo.

Por aquí todo sigue igual, como te habrás dado cuenta... el tiempo avanza sin piedad y parece que fuera ayer cuando te molestabas conmigo por no hacerte caso, cuando te reías de todo, cuando me enseñabas que siempre habrá un problema peor que el mío, que no debo dejar de sonreír.
El tiempo se pasa rápido, no tengas miedo. Nunca te dejamos, no estas solo. Ya nos volveremos a encontrar...lloraremos, reiremos de todo, será perfecto. Nos divertiremos como nunca y nos ayudaremos como siempre.
Ya es un poco tarde, debes irte...hay otras personas que necesitan sentirte. No te preocupes mucho por mí, ya me enseñaste lo suficiente. Aún no sé bien cómo vivir pero hago lo que puedo, me equivoco pero sigo intentando, sigo viviendo porque me enseñaste que vale la pena, porque me ayudaste a ver que cada segundo tiene un toque de magia.
Sigo intentando, porque me caigo pero aprendí a levantarme. aprendi de mis errores. A veces tropiezo, pero tengo manos y sé caer. He aprendido a aprender, gracias a ti.
Prometo que pronto nos veremos, ten paciencia así como yo. Estamos contigo, siempre. En cada abrazo, en cada palabra, en cada silencio, estás. Te extraño, y eso no cambiará. El tiempo no sabe borrar heridas del alma pero si te enseña a vivir con ellas.
Las hojas volando se encuentran, y tú y yo, pronto nos hemos de encontrar, te lo prometo.


Te adoro, loco.
Y dale U :)

miércoles, 14 de abril de 2010

por ti.

Sentir que la luna juega con el tiempo y saber que no existe nada más,
que aunque el tiempo avance, los minutos pierden su valor.
Ni horas, ni segundos, ni dias, ni noches.
Saber que eres tú quien alumbra mi mundo,
quien traza mi camino, quien me ayuda a ser un poco mejor,
que todo lo que esperas, espera por ti,
para darle sentido a esta tarde roja y azul que insiste en no acabar.
Ser consciente de que lo dejo todo por un minuto a tu lado
y estar segura de que no será en vano.
Querer tenerte siempre aqui y que una eternidad no sea suficiente para los dos
para entender este presentimiento de que mi vida se encuentra en tus manos.



miércoles, 17 de marzo de 2010

Carta Nº 10. -Quince.

16 de marzo 2010


No tenía pensado escribirte, en realidad no porque no quisiera, solo no lo sentí necesario. Pero la idea se quedo dando vueltas y vueltas y hasta pensé en prender la luz en la madrugada para hacerlo y por fin poder dormir, pero he aprendido a tener paciencia, me cuesta pero hoy puedo decir que se esperar y me gusta hacerlo cuando se que vale la pena. Quince años, es un montón, ¿no? Una década y media. Duele un poco, me molesta, pero debo aceptar que ya no eres una niña, ya no necesitas que estén tras de ti diciéndote que hacer y que no, pero debes entender...
Te toca esperar. Para nosotras, para mí, tu todavía eres una pequeña que llora porque no le compraron un juguete, que ríe al subirse a mil juegos, que tira una canchita para que acompañe a la que antes se cayó.
"Eres mi hermanita y debo cuidarte"
Sé que ya no es así para ti, y puede que tengas razón, pero para mí no es tan fácil. Ya creciste, ya no me necesitas como antes, ya sabes defenderte y no lo entiendo por completo pero descuida, eso es lo de menos.
No me gusta esto, me encantaría retroceder los años y verte con isabelita por todos lados, pero el tiempo no espera a nadie, no advierte, no avisa. No nos queda de otra que recordar el pasado, vivir el presente y pensar en el futuro, en todo lo que vendrá.
Qué difícil, ¿no? Conforme pasan los días, nos damos cuenta de que el cuento con final feliz es para los niños, para nosotros está la realidad, el final no lo sabemos y en realidad no importa la meta, no pienses en qué terminarás. Sólo debes hacer bien las cosas, el camino es lo que interesa. Ser feliz, buscar ser y hacer feliz, nada más. Pásala bien, sonríe, se honesta, vive, solo así te serán sinceros, solo así podrás ser correspondida.

No tengas miedo. Miedo debes tener cuando estés sola, no sólo cuando te sientas así. Cuando seas una mala persona, porque el mundo da vueltas y el daño regresa.
No temas a un “no” porque es parte del acierto. No se gana sin saber perder. Cuando quieras reír, ríe y cuando quieras llorar, hazlo también, pero hazlo por ti, cuando valga la pena. No esperes que alguien vaya a calmarte: no hay lágrimas que el sol no seque, no hay lágrimas que el viento no se lleve ni sonrisas que te hagan perder tiempo.















Todo pasa y es lo que debes siempre, siempre recordar. No hay problema que no se pueda superar ni caída de la que no te puedas levantar, el golpe duele pero la cicatriz te ayuda a ser mejor. Siempre habrán errores, sólo depende de ti mejorarlos. El cielo suele nublarse, pero el sol siempre sigue ahí. No importa mucho lo demás si es que confías y sabes que lo que haces está bien. Debes saber que eres capaz de lograr todo, tú puedes si quieres, no hace falta nada más. Si crees en ti no puedes temerle a nada. Aprende a pedir perdón y enseña a perdonar. Aquí termino, solo quiero que sepas que no importa que pase, quién venga o quién se vaya…yo estaré ahí, como hermana o como amiga. No interesa qué hagas o qué digan, TE AMO y nada lo cambia. Te apoyaré siempre. Cuando te sientas sola, cierra los ojos y tendrás mi respuesta.



Feliz día.

-Andrea

domingo, 15 de noviembre de 2009

Carta Nº 9.

13.11.09


Ya lo intenté todo y por más que pienso no encuentro nada más que me falte hacer por ti. Sabes bien que era capaz de decir todo lo que quisieras oír, todo lo que pidieras, sólo bastaba tu palabra. Si pudiera te hubiera regalado mil estrellas, la luna y las constelaciones que hubieses querido inventar pero junto a ti conocí que sí existen imposibles. Eres consciente de que hubiese creado más de un universo con tal de verte feliz. Hubiese podido vencer mis miedos e inventar promesas de esas que se deben cumplir, sólo necesitaba que me creas capaz. Pero mil noches de espera no fueron suficientes, no te bastó saber que me tenías a tus pies pendiente de lo que te faltara para conseguirlo. No te pareció suficiente que mi mundo girara alrededor del tuyo para darme sólo un poco de ti. En el fondo siempre supiste que pude hacerte feliz. Pero nada cambia. Ni una mentira ni mil verdades. Todo sigue siendo igual. Y aunque creí que era posible, nunca pensarás que soy suficiente para ti.

Tu hueco seguro hoy se va porque se cansó de eso, de ser siempre la segunda opción, de pensar que tal vez alguna tarde me recordarías, de querer creer que podría funcionar. Me cansé de ser tu salida, tu escape de emergencia, ya no soporto saber que soy parte de algo cuando para mí tú eres todo.
No es justo. No es justo y ya no me importa, o tal vez sí. Tal vez me importa más de lo que piensas y duele. Duele saber que nada fue correspondido.
Y pensar que siempre viví intentando ser mejor -para ti- sin saber que tú buscabas imperfección. Tengo defectos que no puedo evitar por nadie, pero la facilidad no me caracteriza y no pretendo ser cada día peor por alguien que no podrá valorar lo que intento ser o hacer.


Sé que volveré, quizás por miedo a sentirme sola, quizás por masoquismo o por costumbre, quizás porque sé que no es algo pasajero. Pero tenías que saber que estoy cansada de ser nada, que me atormenta pensar que mi mente no me imagina sin ti. Pero ya no importa, ya no importa con quién estés en este momento. Yo volveré. Todo sigue tan igual.
Espero que te haga feliz y aunque sé que podría jurártelo, miento al decirlo, porque sólo querré verte sonreír junto a alguien que realmente merezcas, no al lado de quien solo pueda darte diversión. Tu apariencia va desapareciendo pooc a poco, ese disfráz ya pasó de moda. No está mal querer, no estaría mal salir de ese caparazón. No es el final, lo sabes y lo sé, pero no será tampoco la misma historia. No es pecado intentar ser feliz y en el fondo siempre sabrás que pude haber sido yo.


Te quiero.

-Andrea-



9:08 pm